jueves, 10 de enero de 2019



Aquel primer beso bajo las escaleras a escondidas, esperado y temido, me hizo del cuerpo trizas. Disparó mi corazón y quemó mis entrañas. Me sacó de la Tierra y me alzó a un cielo que desconocía.


@ carmencita.sp

martes, 6 de noviembre de 2018

La Rama...




Aquella rama batía en su ventana toda vez que soplaba el viento.
A principio le asustaba pero al final le cogió cariño.
Era su única compañía, la única que le hacía sentir algo.
La única que le hacía sentir viva.

© carmencita.sp

jueves, 21 de junio de 2018

El jardín y la envidia...

 





Habían sido plantadas en el mismo jardín. Se les había regado siempre
con cariño y apreciaban el mismo Sol, la misma Luna, bajo el mismo cielo.

Estaban siempre muy próximos el uno al otro, crecían y florían juntos,
compartiendo el mismo aire.

Anturio era bello y fuerte. Rosa era bella, delicada y desprendía un aroma
embriagador. Muchos la admiraban.

Anturio empezó a tener envidia de su compañera de jardín, de su delicadeza,
de su aroma y de su presencia.

En un día de tempestad, bajo un cielo cargado de nubes oscuras y de fuertes
rayos, ella se abrigó a su lado para protegerse de la tormenta.

En ese momento Anturio descubrió su fragilidad, no dudó y poco después
se lanzó sobre ella y la aplastó sin piedad.





@M del Carmen B. Garcia




































martes, 15 de mayo de 2018

Sueños Rotos...






La fortuna había sido lanzada, bueno, más bien el azar descubriría Samir, después de algunos años de haber nacido en aquél sitio. 

Era uno de cuatro hermanos compartiendo una habitación bajo un techo que no se podía llamar vivienda, más bien un cobijo en donde abrigarse por la noche. 

Había una cocina salón, dos habitaciones pequeñas y un baño fuera en un minúsculo patio, compartido con otros vecinos de igual suerte. Lujo ninguno había allí, al contrario, pero se querían, se ayudaban y algunos soñaban con un futuro mejor.

Los niños iban a la escuela con alegría. Estudiar podría abrirles una puerta a ese futuro, incluso aunque vieran que casi nadie se movía de su zona de nacimiento.

Samir tenía un sueño mayor, quería ser jugador de fútbol, salir de su país, ganar mucho dinero y volver a por su familia. Cuando venía de la escuela, después de comer, se juntaba con los vecinos y entrenaban en la misma calle en donde vivían. No era nada seguro ir muy lejos de sus casas.

Entre la escuela, los deberes, los partidos, ayudar a sus padres y hermanos no tenía mucho más tiempo, sólo para fantasear, mismo que día y noche estuviera atento, él y todos los que vivían allí.. 

A veces los juegos, las clases, la comida, sus sueños, eran interrumpidos por los aviones que pasaban cerca y por los gritos que se oían.

Estaban en guerra desde su primer recuerdo y por más que intentaran llevar una vida normal, los niños de Guta Oriental en Siria no lo tenían nada fácil.

Aquella tarde una bomba les cayó encima, destruyendo casas, matando a sus vecinos y amigos y cortando de golpe su sueño al perder una pierna. Jamás saldría de allí, jamás ganaría dinero y en la vida olvidaría la pesadilla vivida y consentida por todo el mundo y por su dios.


© M.del Carmen B.García

viernes, 19 de enero de 2018

Microrrelato




El viandante lo dejó allí tirado, mientras le sonreía como si fuera un perro.
Lo aceptó de buen grado. En aquel instante no sabía quien era exactamente
y no podía detallar como se sentía.
Podía realmente ser un perro sucio, perdido y abandonado.
La única vida que recordaba era la de ese preciso momento, no sabia distinguir
si era mala o buena, por más que lo intentara, no lograba compararla con ninguna otra.



© M.del Carmen B.García

martes, 5 de diciembre de 2017

Mi pequeño ensayo sobre la ceguera...



Entristecido por su repentina ceguera, recordó lo mucho que había dejado de ver mientras podía hacerlo. Su ceguera no sólo era una cuestión física, pensó, era también ética.


Eran carencias humanas que impedían ver todo lo que pasa a su alrededor, por una apatía inherente a la condición humana o por la comodidad de no intervenir ni actuar, hasta que el mal nos toque a la puerta.


Se juró a sí mismo que si recuperase la visión haría mucho más por él y por su familia, sus vecinos y en general por todos los humanos.

*basado en el Ensayo sobre la Ceguera, José Saramago



© M.del Carmen B.García

viernes, 1 de diciembre de 2017

Monotonía...



Regina trabajaba en una oficina de compras y ventas de piezas para coches.


Llegaba puntualmente a su trabajo a las 8:00, tenía una hora y media para comer y salía a las 19h30. Su trabajo era rutinario, monótono pero sin necesidades de grandes esfuerzos. Verificar precios, número de pedidos, si habían salido o no, graparlos y después de contabilizarlos en el ordenador, meterlos en una carpeta y ponerlos en la estantería adecuada. Todos los días eran iguales. Mismas horas, mismos movimientos y mismos resultados.


En la sala al lado estaba su jefe, una secretaria ya mayor de edad, un joven que hacía pequeños recados y alguna que otra vez, el técnico que venía a revisar los ordenadores de la empresa. Era un joven apuesto, listo, cortéz y que siempre la trataba con amabilidad.


Regina había tenido muchas ilusiones, había tenido, porqué ya las estaba perdiendo. Le faltaba ánimo, necesitaba su sueldo y temía arriesgarse en un mercado de trabajo tan flojo de oportunidades. Lo mejor era no perder lo que tenía asegurado.


En una de las tardes de visita del técnico, él la observaba desde el otro despacho y percibiendo el tedio en su rostro, resolvió hacerle un regalo sorpresa para animarla. Le mandó un salvapantallas con nubes en forma de algodón en un cielo azul de fondo. Fué a su mesa y le dejó un papelito que ponía: “Te mando un cielo azul con nubes para que te alegres, pero intenta ponerle el color que quieras para mitigar el pesar que transmites en tu mirada”


Regina le miró, sonrió y algo dentro de ella, como por milagro despertó.


Rápidamente cambió las nubes por rayos del sol que al entrar en la atmósfera, se rasgan generando una gama de colores que va desde el amarillo al violeta, como si fuera un arco iris.  


En un instante se dió cuenta que era el momento de salir de su comodidad y arriesgarse para no terminar como el vaso de flores pintado y de mal gusto que colgaba en la pared de la oficina.  


Esa noche salieron a cenar. El chico le abrió el corazón y ella abrió su alma hacia su libertad.     

© M.del Carmen B.García